Más allá de la tormenta

Más allá de la tormenta

Hoy, a mi lista de COSAS QUE NO ME GUSTAN, voy a añadir las tormentas.

No, no me gustan. Me dan bastante miedito los truenos, los relámpagos y esa oscuridad tenebrosa que se cierne sobre la ciudad y que parece que anuncia un Apocalipsis final 🔥

A mí que me pillen en casica, en el sofá, con manta y serie de Netflix y entonces sí, como si se quiere acabar el mundo ahí fuera.

***ABRO INCISO***

Hablando de series de Netflix, hace poco terminé de ver los nuevos capítulos de Lucifer.

¿Que no la has visto? Pues te digo que, a pesar de ser ficción, plantea un debate muy interesante sobre el bien y el mal, el cielo y el infierno, el papel de Dios y el libre albedrío de todos sus hijos, ángeles, demonios y humanos…

¿Que además el protagonista está como para pecar todo lo pecable e ir derechita al infierno con él? También.

Pero que no sea eso lo que te decida a ver la serie. O sí. Lo que tú quieras oye, no seré yo quien te juzgue por querer alegrarte la vista.

***CIERRO INCISO***

El caso es que el tema de las tormentas parece venir de familia, porque recuerdo que, a mi abuela, que en paz descanse, también le daban terror 😨

Debe haber algún gen por ahí en la familia con esa información al respecto y mira, yo lo he activado, ¡maldita la gracia!

Tengo que contar en mi descargo que alguna mala experiencia he tenido con ellas, concretamente conduciendo, y eso me ha dejado marcada y traumatizada.

Conducía yo una tarde de verano de Ejea a Zaragoza y el cielo ya anunciaba que de un momento a otro iba a descargar toda su mala leche en forma de lluvia.

Yo rezaba para que me diera tiempo de llegar a la ciudad sin tener que atravesar ese trago amargo. Pero Diosito de mi vida y de mi corazón ese día no estaba para escucharme a mí, yo qué sé, tendría asuntos más importantes que resolver el buen señor 🙏

Así que, a mitad de camino, echó a llover y aquello empezó a ponerse muy feo, hasta el punto de que, a pesar de llevar los limpiaparabrisas a tope de power, no daban abasto y la visión en la carretera era completamente nula.

Yo, que soy muy avispada, percibí que mi cuerpo iba a entrar en pánico de un momento a otro, más que nada por los temblores involuntarios, el aceleramiento del corazón y la hiperventilación que comenzaba a tornarse evidente.

Así que, cuando a través de los gotones que caían vislumbré un camino, me hice sin pensar un Carlos Sainz, o sea, un ¡derecha, ras! y ahí que me metí derrapando como si no hubiera un mañana hasta que conseguí detener el coche.

Estuve un buen rato parada intentando calmarme y con la firme decisión de no volver a ponerme en marcha hasta que aquello escampara suficiente como para darme tregua y volver a la carretera.

Unos amables guardias civiles en su coche patrulla tuvieron a bien parar a mi vera para preguntarme si estaba bien.

Mi respuesta fue: «estoy bien señor agente, solo me he quitado de en medio con el fin de sobrevivir».

Y ellos siguieron su marcha auxiliando a una retahíla de coches, que, al contrario que yo, como pude comprobar después, habían decidido continuar su marcha y habían terminado en la cuneta.

Cuando consideré que la cosa ya no era para tanto, volví a la carretera y conseguí llegar a Zaragoza sana y salva.

Pero el mal rato no me lo quitó nadie.

Y es lo que tienen las tormentas, también en nuestra vida, que a veces las ves venir y te da pánico enfrentarlas y que te despeinen.

Pero hay que hacerlo porque muchas veces más allá de la tormenta está el sol e incluso el arcoiris. Y eso nunca lo sabrás si no la atraviesas.

Así que, bienvenidas las tormentas que nos sacuden para llevarnos a un lugar mucho más claro, luminoso y motivador 😜

¡Feliz día despeinad@! 😍

PD: Si te apetece comentar algo ¡me encantará leerlo!

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