¡Cacao maravillao!

¡Cacao maravillao!

Mi abuela se llamaba María Bonifacia. Sí, pobrecica, ella también lo odiaba. Y por eso toda la vida la llamamos simplemente “la abuela María”. De hecho, yo creo que me enteré de su segundo nombre ya de mayor.

Y, a pesar de que los nietos podíamos ser muy puñeteros a veces, en muy pocas ocasiones lo utilizamos en su contra, porque era algo que la hacía enfadar de verdad.

Y es que lo de los nombres es todo un mundo. Yo, por ejemplo, tampoco soy Gema a secas, que es como mis padres me querían llamar.

Pero no, en la época en la que tuve a bien nacer, el señor cura no me bautizaba si no me ponían María delante. Que yo no lo entiendo, ¿pues no se daba cuenta el susodicho de que mi nombre ya era suficientemente significativo?

¡Que soy una piedra preciosa, por el amor de Dios! ¿Qué más tronío* necesita para no tener que añadir otro nombre que lo acompañe?

Por si había dudas…

Vamos a ver, que no me llamo Blue Ivy como la hija de Beyoncé o Apple como la hija de Gwyneth Paltrow (por cierto, ¿te enteraste de las famosas velas que vendía Gwyneth y que olían como su….? Si no lo sabes te dejo con la intriga, o alcahuetea Google y me cuentas qué te parece el temita 😉 )

Pues nada chica, que sin María no había tu tía (y me ha salido un pareado, si es que yo iba para poeta, te lo digo yo)

Total, y resumiendo: que mi nombre completo es María Gema. Igual que mi cuñada, que es casi quinta mía y es María Paz. Y así todo.

Pero tampoco me quejo, que no suena del todo mal y yo solo lo uso para documentos oficiales. Para todo lo demás, mastercard…you know what I mean!

En fin, y esto que nos cuentas ¿a santo de qué viene?, te estarás preguntando con toda seguridad.

Si te soy sincera, una explicación a la altura de las circunstancias no hay. Simplemente son temillas que van saliendo en conversaciones sin transcendencia, que a mí me dan ideas para posts y que voy apuntando en mi Google Keep.

Porque a veces, la inspiración no aparece cuando lo tiene que hacer, y siempre viene bien tener hilos de los que tirar. Que no hay nada más desesperante que sentarse sobre un folio en blanco sin nada que decir 😰

Y eso que a mí, palique no me falta. Debe ser genética de mi madre…incontinencia verbal heredada.

Oye, algo tenía que tener de ella, porque para eso cada uno somos de nuestro padre y de nuestra madre, como se suele decir. O de tal palo, tal astilla. O de casta le viene al galgo.

Mira que hay dichos relativos a la familia ¿eh? (si se te ocurre alguno más te invito a compartirlo en los comentarios)

Pero de ahí cada uno desarrollamos nuestra personalidad, claro. Y cuanto más conozcamos como somos realmente, más entenderemos nuestras motivaciones y el porqué de cómo nos comportamos.

Y no solo eso amiga…aprenderemos también a comprender mejor lo que hay detrás de los comportamientos de los demás.

¿Te imaginas siendo realmente capaz de ponerte en los zapatos del otro? ¿De encoger un poco los deditos si él calza un número más pequeño, o estirarlos si calza alguno más grande? 👠👠👠

¡Cacao maravillao!!!!!!

Que de boca todos somos muy empáticos, sí, sí…hasta que nos tocan los webs. Y ahí ya la empatía a tomar por saco.

Porque es muy fácil entender a un amigo, pero muy difícil entender a alguien que te hace daño. Aunque ya no lo quieras en tu vida. Aunque le pongas límites. Aunque lo alejes de ti.

Pero comprender sus motivaciones te ayudará a relajar tus emociones, a relativizar y sobre todo a perdonar.

Y el perdón es lo más sanador que hay. Por ti misma, por nadie más.

¡Feliz día despeinad@!

PD: Si te apetece comentar algo me encantará leerlo!

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