Cadena de favores

Cadena de favores

Esta mañana he vivido un hecho insólito en el autobús (voy a sumar este medio de transporte a mis lugares de inspiración, junto a la ducha y las cafeterías 😋)

Un señor ha subido y, al sentarse al lado de una mujer totalmente desconocida, le ha dicho:

«¡Buenos días!»

Así, con exclamaciones incluidas, con brío y «rasmia» como decimos en Zaragoza y con una sonrisa de oreja a oreja.

No he visto la expresión de la señora ante tan inesperadas palabras porque estaba justo detrás de mí, pero estoy segura de que, como dice en sus conferencias Víctor Küppers, la señora ha puesto cara de susto y de «quequerraestehombredemi» mientras agarraba más fuerte el bolso.

Y es que no estamos acostumbrados a la buena educación. Se nos han olvidado algunas normas básicas que no cuesta nada practicar y que nos pueden hacer el día más agradable. Y de tanto que sorprende resulta amenazador.

Porque ya no existen ni las típicas conversaciones de ascensor de antaño, de toda la vida:

-«Parece que va a llover…»

-«Pues sí, y yo con la ropa tendida»

-«Claro, si es que anunciaban tarde de sol»

-«Esto es lo del cambio climático ese, que ha vuelto el tiempo loco»

-«Y tanto, ya no sabes ni qué ponerte hija mía»

Y así hasta llegar al piso en el que uno de los dos se bajaba y tú podías continuar con tu vida con la sensación de haber salvado un momento incómodo con bastante soltura.

Pero oye al menos hacíamos un paripé educado. Nos comunicábamos. Nos mirábamos. Nos teníamos en cuenta.

Ahora ese momento ascensor es más o menos tal que así:

Eso si no das con algún jovenzano escuchando música con esos cascos grandotes que se llevan ahora y que ahuyentan cualquier tímido intento de conversación.

Yo personalmente, a día de hoy en mi comunidad me relaciono sobre todo con los vecinos que cumplen un requisito: son dueños de perros. Y porque saludo a los perros claro, que sus nombres me los sé 🐕

Tenemos a Thais,la pastora alemana, a Paquito el podenco, a Xena, el bichón maltés….y a unas personas que los acompañan y que diligentemente los sacan a pasear.

También me relaciono con mi vecina Susana, que es una excepción porque no solo me sé su nombre sino que… ¡hasta tengo su teléfono!.

Y no, ella no tiene perro, pero nos une una causa importante: un vecino en el piso de arriba que nos lleva por la calle de la amargura. Y bien sabido es que no hay nada que una más que un enemigo común.

Es verdad que esto de no conocer ni a tus vecinos es algo que ocurre sobre todo en la ciudad, porque en los pueblos es todo lo contrario.

Pero claro, como no tenemos término medio, o no llegamos o nos pasamos.

Y es que cada vez que voy al pueblo hay algún vecino/a que me somete a un tercer grado. Y tampoco es eso hombre. Que una se las tiene que ingeniar para ser lo menos explícita posible con las respuestas, porque cualquier información se puede convertir en arma arrojadiza para la rumorología popular 🙄

Otra gran diferencia es que en el pueblo vas saludando a todo quisqui, mientras que en la ciudad eres capaz de  ignorar a las personas con las que te cruzas con una facilidad pasmosa.

Aunque siempre hay excepciones como es el caso de mi padre y mi tío con mi barrio. Llevan 71 años viviendo aquí así que poco menos que pusieron las calles y por supuesto conocen a todo el mundo. Intentar pasear con ellos es tarea imposible porque cada dos pasos ¡capazo al canto!

De hecho nos estamos planteando lanzar una petición en Change.org solicitando que les pongan su nombre a una calle, en agradecimiento a su labor como embajadores del barrio.

Ya lo estoy viendo. Como cuando lo hacen con un famoso, el alcalde, los vecinos, los amigos, la tele…y todos alrededor emocionados y aplaudiendo como si no hubiera mañana mientras descubren la placa en lo alto del muro.

¡Qué momentazo!

Y es que estoy segura de que aquello se pondría de bote en bote porque se han ganado el cariño de la gente del barrio con su generosidad, su vitalidad y su eterna predisposición para ayudar a los demás.

Ellos dan sentido a una de mis frases favoritas de mi querido Víctor Küppers:

«Para ser feliz, la manera más rápida y sencilla es ser amable con los demás»

Sonreír, saludar con alegría, utilizar las palabras por favor y gracias, con el camarero, con la conductora de autobús, con el chico que te atiende en recepción…¿a qué es sencillo?

Detalles que no cuestan nada, sí, pero que a menudo olvidamos y si los ponemos en práctica pueden hacer que alguien se sienta mejor y que TÚ te sientas mejor.

Y además, es GRATIS 😜

No sé si conoces una peli que se llama Cadena de favores.

En ella, un niño que vive solo con su madre alcohólica, recibe una tarea en clase de su nuevo profesor:

«Piensa una idea para hacer del mundo un sitio mejor»

El niño decide iniciar una cadena de favores, empezando por hacer 3 y que los beneficiados hagan lo mismo, y así hasta el infinito.

A falta de la película, te dejo este vídeo que estoy segura de que te va a encantar:

¿Te imaginas si cada uno empezáramos simplemente por ser amables con los demás y contagiáramos a miles de personas?

Ya sabes, si quieres ver un cambio en el mundo, empieza por ti mismo. Y así hasta llenar el mundo de despeinad@s felices 😉

¡Feliz día y a sonreír! 😁

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gema guapísima, no sabes lo despeinada y sonriente que voy por la vida.. y tan feliz!!!!
A ver si alguien se contagia…
Gracias!!!
Besooooooossss

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