Cuestión de perspectiva

Cuestión de perspectiva

Estoy en la estación de autobuses, esperando al que me va a llevar a Valencia, para pasar unos días de cocktail “trabajo + playa” con mi compi Anabel.

O lo que es lo mismo, vamos a “tragozar”, un término que me enseñó ella y que me encanta, para definir este combinado de trabajar + gozar.

Que se tercia más playita, más sol y más goce… Pues bienvenido sea. Let it be, como dirían los Beatles, que en paz descansen. El grupo, quiero decir, que excepto John Lennon y George Harrison, creo que los otros dos siguen vivitos y coleando.

Que resulta que en estos días tenemos la súper/mega idea que va a lanzar nuestro proyecto al estrellato y nos va a permitir jubilarnos a nuestros taitantos, así, so young…

Pues oye, nos pondremos a ello también.

Dejaremos que fluya, que para eso las dos nos dedicamos a este mundillo del desarrollo personal y nos podemos dar collejas mutuamente si una de las dos se estresa y saca los pies del tiesto.

El caso es que me quedan cuatro horas por delante para llegar a mi destino y estoy un poco inquieta.

Y tú dirás: ¿Por ir a Valencia?

Hombre, pues no, sino por ir en bus 🚌

Y tú podrías preguntar: ¿Porque te mareas?

Pues sí, de toda la vida de Dios, pero para eso me voy a empastillar adecuadamente con mi amiga Biodramina y problema resuelto.

Y tú podrías seguir: ¿Porque te vas a aburrir como una ostra? 😕

Esto también, un poquito, ya que, debido al temita del mareo que ya he mencionado, no puedo ni leer ni escribir mientras viajo, porque es ver dos letras juntas y empieza la jarana en mi estómago. Aunque este no es el motivo de mi inquietud tampoco.

Entonces, ¿qué narices te pasa hija mía?

Pues que los buses, por norma general, no tienen baños. Y mi obsesión es no poder mear. Así, como lo oyes. Podría haber sido más fina y decir mingitar, miccionar, orinar o hacer aguas menores, pero las cosas por su nombre.

Aunque todo tiene su explicación. Y es que tengo un trauma con eso, qué le vamos a hacer. Ese trauma tiene su origen en mi primer viaje a Valencia hace como unos 25 años, a casa de mi amiga Esther para disfrutar de las Fallas.

El viaje en aquel entonces duraba un poquito más, y el conductor debió considerar que nuestros esfínteres podrían soportar todo el trayecto sin quejarse. Y no se dignó a hacer una parada técnica hasta que todos estábamos a punto de reventar y fallecer de un colapso urinario.

Tengo tan mal recuerdo de aquel viaje, que reconozco que me ha condicionado durante muchos años para no hacer recorridos largos en bus, siempre que he podido evitarlo. Y hoy me enfrento a este desafío de nuevo porque no tenía otra alternativa.

Alea jacta est, la suerte está echada.

Y es que si tengo que elegir medio de transporte, a mí dame el tren. Cómodo, rápido, con sus baños, con su cafetería, con sus pasillos para estirar las piernas. Si pudiera hacerme un Willy Fog en tren, yo creo que daba la vuelta al mundo ahora mismo.

https://www.youtube.com/watch?v=e6X4k3CQboU

A ver, que el avión tampoco está mal, y para ciertos destinos no solo es más práctico, sino la única manera de llegar a ellos. Digamos que estaría en el segundo puesto de mi ranking transportil.

Y el coche….si me llevan aún va bien la cosa. Pero con lo poco que me gusta conducir, si tengo que cogerlo yo, ya me busco otras alternativas, que haberlas, haylas.

Eso sí, sobre todo cuando viajo en coche tengo una costumbre que te recomiendo, súper sana y buena para ejercitar la mente y la creatividad: buscarle formas a las nubes e ir diciendo las imágenes que te inspiran.

¡Pruébalo! 😉

Hace poco encontré cuatro formas diferentes para la misma nube. Empezó siendo el correcaminos, se transformó en el genio de la lámpara, después en un guerrero con el brazo en alto y acabó siendo la rana Gustavo.

Juro por el niñito Jesús que no me lo invento, esto fue tal que así.

Y es que, conforme el coche avanzaba, veía la nube desde diferentes perspectivas y podía darle otros significados.

Exactamente igual que pasa en la vida.

Porque cualquier situación tiene distintas versiones, ya que todo es cuestión de perspectiva. Y cada uno tenemos la nuestra.

Si fuéramos capaces de movernos de nuestra posición, de nuestra verdad y de nuestra rigidez, seríamos capaces de ver otros puntos de vista.

Y quizás, hasta podríamos valorar otras posibilidades que nos aportaran más y nos hicieran sentir mejor.

¿Y si pruebas a cambiar tu perspectiva? 😜

¡Feliz día despeinad@! ❤

PD: Si te apetece comentar algo me encantará leerlo!

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A mí me pasa lo mismito que a ti con el baño en el bus, lo primero que miro cuando entro a un bus si hay baño. Afortunadamente ya hace tiempo que no viajo en bus. En relación a la rigidez mental a mí me ha tocado experimentarlo, y es verdad que tener varias perspectivas y no juzgar las situaciones, te libera y te hace sentir mejor. 🤗🤗

Jajaja, si es que todos los autobuses deberían incorporar el baño ¡qué narices!
Pues sí amiga, sobre todo no juzgar e intentar entender a los demás desde su posición, no desde la nuestra…gran liberación como bien dices!😘
Un besazo

¿En lo del bus? ¿En lo de mear? ¿En lo de las nubes? ¿En lo de la perspectiva? ¿Razón en todo? Jajajaja.
Muchas gracias por comentar guapa! 🙂

Ayyy cuñada!!! Que lo de imaginarte las nubes lo hago también yoooo… si es que al final pareceremos hermanas, ya verás tú… 😂😂😂

¿Ves? Si es que estamos conectadas…lo entretenidas que vamos a estar el próximo viaje que hagamos juntas jajaja

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