Mira quién habla

Mira quién habla

¡Mira quién habla!!! Si es que….siempre habla el que más tiene que callar…ainsss ¡más le valía darse un puntico en la boca!

¿Cuántas veces has dicho algo así comentando alguna jugada de alguien ajeno? Seguro que te faltan dedos en la mano…🖐

No te fustigues, todos hemos parecido alguna vez la vieja del visillo, te lo aseguro.

¡Qué nos gusta un cotilleo! Con su buena salsica para rebañar bien el plato y no dejar títere con cabeza.

Siempre hemos oído que es nuestro deporte nacional ¿no?. Y claro, nos lo hemos creído, y como buenos alumnos y chicos obedientes lo hemos seguido practicando.

Hasta que te toca claro.

Hasta que el objetivo de la rumorología eres tú.

Hasta que eres el centro del juicio y de la crítica y no sabes cómo manejar la situación, porque nadie sabe la verdad del asunto pero todo el mundo se siente con derecho a opinar.

Qué bofetada te da eso ¿verdad?

Porque sí, quien esté libre de pecados que tire la primera piedra (o que me avise y ya le voy yo pasando algunos si eso 😂😂😂)

Y digo yo, ¿en qué momento hemos sido tocados por una varita mágica y se nos ha concedido la potestad y la autoridad moral de decirle a nadie cómo deberían ser sus relaciones, su forma de ser y en definitiva, su vida?

Porque ahora resulta que todos somos santos y tenemos una vida ejemplar, que nos creemos Don Perfecto y no llegamos a Don Sindín como diría mi madre (no me preguntes de donde ha salido ese nombre, en el santoral no aparece ya te lo digo yo…¡cosas de madres!🤭)

Cómo cambiarían las cosas si fuéramos capaces de ponernos en la piel del otro solo por un momento, o «intentáramos caminar con sus zapatos» echando mano de una de mis canciones favoritas de Depeche Mode (dale al play para el momento musical 🎶🎤)

Me gustaría lanzarte un reto. Cada vez que sientas esa necesidad de juzgar o a ese diablillo del marujeo haciendo de las suyas, hazte una pregunta:

¿Esto me afecta a mi?

Te aseguro que el 90% de las veces la respuesta será NO.

Entonces, ¿hay algo más que decir?

Pues oye, que sí, ¡y vuelta la burra al trigo!

Porque no es por criticar, pero la vecina del quinto…Que yo solo estoy dando mi opinión ¿eh?, que no es lo mismo que juzgar, que ella puede hacer lo que quiera, Dios me libre.

Y así disfrazamos de opinión el juicio más voraz para sentirnos mejor…

Espera, espera, que me he acordado de otra muy buena:

«No, si yo lo respeto, pero no lo comparto»

Porque claro, nos han pedido nuestra opinión…¿o va a ser que no?

Pues si estás de pie siéntate que le voy a dar la vuelta a la tortilla cual estrella VIP de Master Chef:

¿Y si te digo que los demás no son más que un espejo y lo que más criticamos es lo que no queremos reconocer de nosotros mismos?

😲😲😲

Ahora mismo tus ojos han hecho la croqueta, tu cabeza ha girado 360º a lo «niña del exorcista» y me vas a espetar un indignado:

Difícil de digerir ¿verdad?

Ayyy amigo, es que toda esa pelusilla la tienes bien escondidita debajo de la alfombra, para que nadie la vea, sobre todo tu casa bien limpita, ¡qué van a pensar los demás!

Porque eso es lo más importante ¿no?, lo que piensen los demás…

¡Ah no! ¡Espera! Que igual es más importante ser coherente con uno mismo, que lo que piensas, dices y haces esté alineado con tu esencia y con tu manera de ver la vida.

Que resulta que no tiene porqué ser igual que la mía…o que la de tu madre… o que la de la prima segunda del pueblo que parece la Santa Inquisición

Porque cada uno miramos la vida con unas gafas distintas, y unos tenemos miopía, otros astigmatismo, otros cataratas y otros un «repuy» (otra palabra de mi madre, esta mola ¿a qué sí hermanito? 🤣🤣🤣) de todo a la vez, por lo que va a ser complicado que miremos todos igual.

Y este «repuy» está cocinado a fuego lento en base a las circunstancias de cada uno, y cada uno tenemos las nuestras.

Así que ya sabes, la próxima vez que alguien no se despeine a tu gusto, igual va siendo hora de que revises tu look…

Yo de momento me voy poniendo las gafas de la felicidad (como el homónimo libro by Rafael Santandreu), ¿y tú? 🤓

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En nuestras manos está empezar a cambiar eso, entendiendo que cada uno tenemos nuestra manera de mirar el mundo y nuestras circunstancias..
¡Gracias por el comentario Chelo!

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