Siempre hay opciones

Siempre hay opciones

Lo de conducir no es algo que a mí me apasione. Ya cuando me saqué el carnet, hace la friolera de taitantos años (esta cifra tan concreta y aclaratoria), sudé lo mío.

No voy a desvelar cuántas intentonas me costó conseguir el aprobado, porque para mí la situación casi alcanzó tintes de dramatismo. Pero lo importante es que no cejé en mi empeño, porque a cabezona no me gana nadie. Soy un 8 y mañica, no digo más.

Recuerdo además que, aquí en Zaragoza, llevaba mucha fama un examinador apodado “el manco”, que no sé si seguirá ejerciendo la cultura del terror. Pero en aquellos tiempos, la frase de ánimo más recurrente cuando te ibas a examinar era:

“Como te toque con el manco date por jodida”

El caso, como digo, es que acabé aprobando, lista para enfrentarme al tráfico de una gran ciudad. Me compré un Ibiza de segunda mano y ahí empezó mi andadura como conductora de pro.

De pro-crastinación, quiero decir.

Porque después de comprarme el coche, tardé como un mes en empezar a cogerlo para ir a trabajar. Excusas, todas las del mundo. Que si esta semana no, que voy de tardes y hay más tráfico. Que si esta tampoco, que dan lluvias. Que si la siguiente menos, que viene un huracán de 7 grados en la escala Ritcher. Y así 🤦‍♀️ 

Hasta que, por fin, no me quedaron más narices, decidí echarle webs, y una mañana lo cogí. Con más miedo que Zarrapita. Pero llegué sana y salva, y ese fue el comienzo de mi relación de amor-odio con el coche.

Porque, amigos de BMW, os respondo ya a vuestra pregunta de aquel famoso anuncio del año 2000:

NO, NO ME GUSTA CONDUCIR

Ni aunque me des un Ferrari, vamos.

Y la vida me pone situaciones que me dan la razón y me demuestran que hay días, en los que más me valía no haber cogido el coche.

O más bien haber salido de casa.

O vivir en general…. 😭 (modo dramaqueen ON).

Sin ir más lejos, la semana pasada.

Tenía una cita a las 8,30 de la mañana en un centro cívico. Salí de mi casa con el tiempo suficiente para llegar puntual, como a mí me gusta. Me sabía el camino, no había problema de aparcamiento, llevaba la documentación necesaria. En fin, todo en orden.

Pero, ilusa de mí, no contaba con que a veces el universo es un cachondo, y un día se levanta y dice:

“Hoy me voy a divertir un poco… ¿a quién le hago puñeta?”

Y ese día por la G, le debí salir yo.

Así que, cuando ya estaba muy cerca de mi destino, el universo disfrazado de sutil voz interior me susurró:

“Te has pasado la calle por la que debías entrar”

Yo, al oírla, exclamé:

“¡Córcholis! ¿Qué hago ahora?”

………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….

(te dejo unos minutos de silencio para asimilar esa expresión tan moderna a la par que actual)

………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………..

Por supuesto, te he mentido vilmente. Lo que realmente pensé fue:

“¡Mierda! ******!!! ¡Qué c****** hago ahora?”

Pero como está feo que una señorita diga tacos (eso me enseñaron en casa, bendita inocencia) pues vamos a correr un tupido velo sobre el tema.

Total, que lo único que se me ocurrió, sabiamente, fue entrar por la siguiente calle que me lo permitiera, y de esa manera desandar el camino hacia atrás.

Y ahí que fui, giré a la derecha en cuanto pude, encaré la calle, baje una cuesta y torcí a la derecha de nuevo….

Pero ¡ay amiga!. Conforme iba avanzando vi que la calle se estrechaba….y que no había salida. Que mi corsa no cabía por ahí ni de coña. Vamos, que me tocaba dar marcha atrás. Un buen trozo.

¡Y CUESTA ARRIBA! 😨 

Mira, me entró de todo por el cuerpo. Porque entre mis habilidades de conducción, está la de aparcar. Eso lo hago muy requetebién. Pero dar marcha atrás…como que no. No tengo yo el don “cangrejil”.

Así que, antes de entrar en un ataque de pánico me dije a mí misma:

“Venga, que tú puedes, despacito, suave suavecito…”

Y juró que lo intenté. Pero a lo que me di cuenta había empotrado el retrovisor en una valla que tenía a mi izquierda. Por mirar la pared de la derecha claro. Y me volví a decir:

“De perdidos al río, tú tira para delante y desencaja el retrovisor, que si lo destrozas ya lo apañaremos”

Y eso hice. Afortunadamente el susodicho no sufrió daños irreparables.

Pero allí estaba yo de nuevo, en un callejón sin salida, sin saber qué hacer.

Volví a valorar la situación, intentando buscar opciones:

“¿Dejo tirado aquí el coche? ¿Llamo al seguro (qué pereza por Dios)? ¿Voy a buscar ayuda?”

Y en ese momento, como si de un ángel se tratara, apareció una muchacha que llevaba a su hija al colegio. No sé por qué, algo me impulsó a compartir mi desgracia con ella. Y la buena samaritana, ni corta ni perezosa, se ofreció a sacarme de ese apuro.

Después de varios intentos, ella también se vio incapaz. Pero rápidamente fue a buscar a otra persona que fue la que, finalmente, consiguió sacar mi corsita de allí. Trabajo en equipo lo llaman. O quizás el universo se apiadó de mí, y decidió que ya había tenido suficiente.

Llegué tarde a mi cita, por supuesto. Pero nada más entrar, me disculpé y expliqué la situación de fuerza mayor que me había retenido. Y la chica empatizó conmigo a las mil maravillas. Es lo que tiene compartir un drama de tal envergadura.

¿Qué aprendí del suceso y de la situación de estrés de aquella mañana?

Pues que a veces nos encontramos en callejones sin salida. O al menos eso pensamos.

Pero siempre, siempre, hay opciones. Solo tenemos que tranquilizarnos y pararnos a reflexionar, sin dejarnos llevar por la negatividad.

Y poner las alternativas sobre la mesa, valorando unas y otras. Sopesando en una balanza. Y confiando en que el universo estará de nuestro lado. Aunque a veces le guste vacilarnos un poco y ponernos a prueba.

Pero esto es parte del aprendizaje de la vida ¿no te parece? 😜

¡Feliz día despeinad@! 🤗

PD: Si te apetece comentar algo me encantará leerlo!

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¿Fue Beatrice la que te sacó del apuro? Quiero ir al lugar de los hechos. Si te sirve de consuelo en tu situación me vi hace dos meses con el resultado del faro trasero roto y el parachoques como abollado y un poco suelto. No había ángel de la guarda para esta alma solitaria (leer con música dramática como bso) que ayudase a salir del atolladero.

No fue Bea pero la jodida se desplazó hasta el lugar de los hechos para grabarme un vídeo jajaja.
Pues me quedo más tranquila al saber que no soy la única a la que le pasan estos incidentes y al menos mi coche de allí salió ileso!
Y aunque no hubiera habido un alma caritativa, no me habría puesto en modo dramático como otros…ejem ejem 😂

Yo aprobé a la octava! Y como me pierdo hasta por mi calle compré el coche con GPS incorporado.
Nunca llego a los sitios a la primera porque me sigo perdiendo pero siempre acabo llegando después de dar unas cuantas vueltas…
Al final siempre se llega!

¡Uy! Pues entonces a ti te lo cuento, pero que no se entere nadie…¡yo a la quinta! 🙊
Menos mal que ahora tenemos el GPS para perdernos menos, no sé cómo lo hacíamos antes jajaja. Pero como bien dices al final siempre se llega 😉

Que facilidad tienes para sacar lecciones de vida de estos pequeños instantes. Me encanta esta historia. Sobretodo porque he podido ir al lugar de los hechos 🤣🤣🤣.

Anda que no te has reído a mi costa! jajaja. Pero aparte de reírte, viendo el lugar de los hechos in situ seguro que te ha hecho empatizar mucho más conmigo….¿a qué sí??? 😜

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