¿Te atreves a soltar?

¿Te atreves a soltar?

El otro día mi amiga Bea y yo asistimos a un taller de «cejas perfectas» que impartía nuestra también amiga Carmen, experta en belleza y cuidado de la piel… bueno y en puzles, y en inventar palabras, y en otras muchas cosas, que ella es muy polifacética.

El caso es que me interesaba especialmente este taller porque tengo lo que podría denominarse, unas cejas rebeldes.

No como Cristina, la otra tronada, que según ella tiene unas cejas genéticamente perfectas. Qué rabia da la jodida, con eso de que ni siquiera se las tiene que depilar 😤

Aunque, la verdad es que solo una de mis cejas es rebelde. Y tiene su explicación, como casi todo en esta vida.

Te sitúo:

Zaragoza, año 1994. El Real Zaragoza juega contra el Betis un sábado por la tarde. En aquel momento, yo era la forofa número uno de mi equipo del fútbol y no me perdía un partido.

Como mi asiento estaba en el fondo norte, allá donde Cristo perdió la alpargata, solía llevarme las gafas de ver para no perderme ni un detalle.

El partido se jugó, el Zaragoza ganó, y todos más felices que unas castañuelas, así que había que celebrarlo.

Nos fuimos a tomar unas copichuelas, pero por aquel entonces, yo aún tenía toque de queda y tenía que estar a las 11 en casa. Con 20 añazos. Ojo al dato. Increíble, lo sé, pero así eran las cosas in my house por aquella época.

Así que, o llegaba al autobús a la hora adecuada, o esperaba al siguiente y me atenía a las fatídicas consecuencias de llegar tarde y encontrar a mi madre en la puerta, con la bata de guatiné, los rulos puestos, señalando la hora con golpecitos del dedo en su reloj y lista para echarme una bronca del quince más cabreada que una mona.

Total, que ese día vamos hacia la parada mis amigas Mamen, Cris y yo. Vemos el autobús. Si no nos damos prisa lo perdemos, así que echamos a correr como alma que lleva el diablo. Yo tropiezo. Caigo de narices contra el suelo. Me clavo las gafas (que te recuerdo llevaba puestas para poder ver el partido) y me abro la ceja 🤕

***No reírse ante la visión de tan traumático suceso, que te estoy imaginando, mala persona***

El caso es que mi amiga Mamen, que va de avanzadilla, ni siquiera se entera del drama personal que yo estaba viviendo a escasos metros de ella, y logra subir al autobús.

La pobre Cris se lleva la peor parte. Recoger mis pedazos del suelo (permíteme ponerme un poco dramaqueen) parar un taxi y llevarme sangrando a mares (aquí no exagero, todo el mundo sabe que una ceja sangra lo más grande) al hospital 🏥

Me curan, me cosen, y me mandan para casa con un dolor de cabeza como si tuviera a Pitingo metido dentro cantando sus grandes éxitos sin parar.

En los días sucesivos, mi ojo y parte de mi cara se van amoratando y cambiando de colores, morado, verde y amarillo, cual pantone de Bruguer, hasta que recupera su aspecto normal.

Eso sí, me queda secuelas de por vida: una cicatriz que atraviesa mi ceja y un pequeño hundimiento del hueso en esa zona por tan tremendo golpe en la caída. Cuando digo pequeño, digo imperceptible, a ver si te vas a pensar que es algo tipo Frankenstein

Y eso amiga mía, es la razón por la que se dificulta mucho una depilación perfecta. Pero, a grandes males, grandes remedios, y por eso ese taller me venía como anillo al dedo.

Y he aquí la prueba de lo monísimas que quedamos 😍

Y es que, como se suele decir, si algo no tiene solución ¿para qué preocuparse?

Y si la tiene ¿para qué preocuparse también? Porque si tiene, se busca y se pone una manos a la obra.

Y si hay que pintar un poco las cejas, como en este caso, pues se pintan. Y si hay que cambiar cosas, pues se cambian. Y si hay que empezar de nuevo, pues se empieza.

Porque empezar de cero, no significa solo perder cosas. Significa soltarlas para hacer hueco a otras nuevas. Y puede que mucho mejores.

Y tú ¿te atreves a soltar? 😜

¡Feliz día despeinad@!

PD: Si te apetece comentar algo me encantará leerlo!

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4 Comments Hide Comments

Ja, ja… Me recuerda a las conversaciones con mis amigas en las quedadas…. Siempre salen los trompazos…. Y siempre provocan risas. Lo mejor. Eso sí, cuidado si nos caemos ahora, con cuarenta y….. Ja ja
Qué difícil soltar lastre y qué necesario al mismo tiempo…. A aligerar pesooooo.

Sí sí, no sé porqué pero las caídas siempre acaban haciendo gracia, aunque tengan consecuencias de hospital como la mía jajaja.
Y tú lo has dicho, es difícil soltar pero se puede aprender y lo que facilita la vida!
Un besazo guapa 😘

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