¿Y si empiezas a vivir tu vida?

¿Y si empiezas a vivir tu vida?

Yo no sé si te he contado que, además de mi azarosa vida laboral, también he tenido una, no menos ajetreada, vida “ubicacional”.

Vamos, que me he cambiado de casa unas cuantas veces.

La primera fue la más trágica y traumática…Había terminado la carrera y digamos que mi madre y yo, no teníamos una relación precisamente idílica en ese momento.

Así que un día me presenté en casa con mi amigo Roberto, unas cuantas cajas de cartón y el coche aparcado en doble fila y en marcha, preparado para salir pitando de allí, pisando zapatilla cual escena de atraco a un banco en una peli de Hollywood.

(Esto último me lo acabo de inventar conforme iba relatando la historia, para darle más dramatismo a la escena, la verdad…pero ¡qué le voy a hacer, si llevo una guionista dentro, lo que se está perdiendo la industria cinematográfica conmigo!)

El caso es que me presenté en casa, y en mi línea de dar todo tipo de explicaciones y detalles dije:

“Que me voy

Y así lo hice. Empaqueté mis pertenencias personales y me instalé en el piso compartido que había alquilado a razón de 20.000 pesetas al mes, ya que éramos 3 inquilinas.

Sí, has oído bien, pesetas. Qué bonitas eran, tan redonditas, tan rubias, tan agujereadas (las de 25) …y cuánto cundían. No como ahora con el euro, que nos la metieron doblada. Que sí, que, para viajar por Europa muy cómodo, una maravilla oye.

Pero que ahora en vez de 100 pesetas, pagamos el doble por un café y ni cuenta nos damos 😤

Y dejo el tema aquí, porque estoy empezando a parecer la abuela cebolleta y aún no tengo edad para eso.

En fin, retomo el tema de mi primera experiencia compartiendo piso. La verdad es que tuve mucha suerte porque fui a topar con Montse, la compañera perfecta para convivir, y Eva, que normalmente vivía en Huesca y no aparecía mucho por allí. Así que todo miel sobre hojuelas, oye.

Pero claro, para poder pagar esas 20.000 pesetas me tuve que emplear a fondo. Porque recordemos que estaba terminando de estudiar y solo tenía un trabajo de fin de semana por aquel entonces, en la panadería-papelería de mi amigo Miguel.

Y allí comenzó mi exitosa carrera como buscavidas, limpiando por las mañanas, cuidando niños por la tarde, dando clases particulares de inglés y latín y rematando el fin de semana en la tienda. Un de todo vaya.

Lo importante, sin embargo, era haber podido independizarme y tengo que decir que esa primera experiencia en aquel piso fue inmejorable. Hasta que nos tuvimos que mudar porque Eva, la dueña del piso, se casaba. Y no solo eso, también teníamos que encontrar nueva compañera.

Y mira que hicimos casting y todo ¿eh?. Pero chica, qué mal ojo tuvimos. Nos decantamos por una chica jovencita, con cara de buena, aparentemente encantadora, con novio formal, con su trabajo estable… cómo nos engañó la jodida.

Fue mudarse con nosotras, dejar al novio y empezar su living la vida la loca 💃

Fiestas a horas intempestivas, desconocidos a todas horas por el pasillo (que te levantabas por la mañana con la legaña y el despeine correspondiente y te encontrabas un maromo en calzoncillos), platos y ollas sin fregar por los siglos de los siglos, enmohecidos….

Y lo peor de todo, jamás pagaba su alquiler puntualmente. Teníamos que perseguirla cada mes para que soltara la guita que siempre nos tocaba adelantar.

La situación alcanzó su máxima expresión un mes que, a día 15, aún no se había dignado a pagar ni a dar señales de vida. Porque esa es otra, desaparecía de casa a temporadas y no había manera de localizarla.

Pero el día de autos, estaba yo tranquilamente sentada en el sofá y sucedió algo surrealista.

¿Pues no aparece la tía jeta a lo Pretty Woman, con 5 o 6 bolsas de Zara, Stradivarius y similares en las manos? Y no solo eso, sino que tuvo el papo de enseñarme toooodos los modelitos que se había comprado como si estuviera en la Fashion Week.

CUANDO TODAVÍA NOS DEBÍA EL MES, NO SE OLVIDE EL DETALLE.

Vamos, yo creo que del shock no fui capaz de reaccionar al momento 😳😳😳

Eso sí, al día siguiente tuvimos la idea (bueno, la idea la maquinó mi cabecita perversa tengo que admitirlo, porque Montse es más buena que el pan) de sacarle parte de sus muebles al rellano, y esperamos a que apareciera para pedirle amablemente y sin acritud, que se largara del piso de una PUÑETERA VEZ.

Ella se ofendió mucho al ver sus muebles exiliados en el pasillo, claro, ¡cómo osábamos!

Pero irse, se fue. A problemas de tal magnitud, soluciones drásticas my friend. O lo que es lo mismo:

“¡A tomar por saco!”

Y es que a veces en esta vida también hay que poner ciertos límites. Y para eso es importante saber y conocer cuales son los tuyos. Para poder aprender a decir NO ante ciertas cosas que realmente no quieres hacer, pero que acabas haciendo por no quedar mal, por no pelear, por agradar, por ser aceptado…

Pero ¿dónde quedan entonces tus propias necesidades? Porque en el momento que para atender a los demás, te desatiendes a ti… no estás siendo coherente contigo mismo. Y no te sientes bien en tu interior, seguro.

Eso sí, haces lo que crees que “debes hacer” o lo que “es más correcto”.

Pero correcto ¿según quién?

¿Y si empiezas a vivir tu vida?

¡Feliz día despeinad@!

PD: Si te apetece comentar algo me encantará leerlo! 

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